Las Universidades Populares – Escuelas de Ciudadanía

El propósito de esta reflexión consiste en abordar el Aprendizaje a Lo Largo de La Vida y la Educación de Personas Adultas, como una parte central del capital social. De hecho, se evidencia que los países que han sabido apoyarse en ellos y potenciarlos, han generado, a partir de los mismos, modelos organizacionales inéditos, como son las Universidades Populares, propiciando, de esta manera, conocimientos nuevos, redes de cooperación interna, articulación  de ciudadanías activas e integración de la diversidad cultural, entre otros beneficios. Todo ello, se ha traducido en un enriquecimiento de estas sociedades, mejorando su calidad  de  vida, su autoconciencia colectiva y su competitividad. Frente a la agenda de problemas sociales que presenta Canarias, la labor de las UU.PP. en la Educación de Personas Adultas recobra un papel trascendente. Una aliada estratégica para la articulación de la propia sociedad civil, como expresión de una nueva concepción del desarrollo, interdependiente con una  nueva  ciudadanía, a través del Aprendizaje a Lo Largo de la Vida.

Los programas realizados en las Universidades Populares, no se circunscriben al cumplimiento de unas horas lectivas, cuyos participantes reciben al final un certificado o diploma, sino que, principalmente, se trata de hacer ciudadanía, fortalecer la sociedad civil; permítannos hacer referencia, en lo sucesivo, a actividades culturales o socio-culturales. Por lo mismo, es preciso hablar de participantes en vez de alumnos.

La visión de una ciudadanía más educada y más informada no nos puede hacer olvidar la existencia de contingentes importan­tes de miembros de la comunidad en situaciones mar­ginales: parados crónicos de larga duración, habitantes del cuarto mundo urbano, inmigrados mal o nada integrados social­mente, etc. Contingentes que se manifies­ta engendrando subculturas defensivas o  consumo de cultura-espectáculo.

Así, pues, el panorama de la ciudadanía nos ofrece dos caras. Por una parte, un potencial de participación y de compromiso cultural  superior al de otros tiempos. Por otra, la amenaza de la nueva dualización, con la consolidación permanente de una categoría de excluidos de la vida cultural e, incluso, de la instrucción en general.

Este riesgo de dualización sólo puede ser atenuado con medidas o estrategias dirigidas a que no se rompan los vínculos de la cultura generadora de inclusión.

Los problemas culturales más agudos en Canarias vienen  marcados por  el desarrollo asimétrico de las estrategias culturales. Ejemplo de ello, el insuficiente apoyo al desarrollo de las industrias culturales, el divorcio entre las estructuras administrativas de la gestión cultural y los creadores, entre otros.

En la última década se han adoptado políticas culturales, que si bien no produjeron una reducción del gasto cultural, no estuvieron a la altura de posibilitar un desarrollo cualitativamente distinto como sostén de un sistema cultural participativo, que generara cambios en los valores sociales y culturales. Esta situación, de manera sistemática, ha ido quebrando  el interés por la cultura en Canarias, impidiendo la formulación de nuevas estrategias de desarrollo cultural.

¿Concurren en Canarias las circunstancias que se dan en las sociedades occidentales concernientes a la existencia de una ciudadanía educada, demandante de cultura y consumidora de cultura?  Sin duda, existe una  minoría consumidora de alta cultura, al lado de una mayoría que se incorpora a la demanda cultural, pero que va más allá en sus exigencias de la cultura espectáculo o de la cultura como experiencia de vivencia lúdica.  La demanda de la cultura de los valores y de la cultura de la reflexión es creciente, como, también, son crecientes los riesgos de la dualización, un proceso de exclusión, mediante el cual una parte importante de la sociedad se ve abocada a la subcultura o al consumo de la cultura-espectáculo.

¿Qué estrategias  se pueden articular para avanzar hacia una cultura generadora de inclusión y participación?

Las intervenciones institucionales han supuesto, en muchas actuaciones,  una dilapidación de recursos humanos y  económicos.

El daño del modelo difusionista es evidente: el hecho de que exista una pluralidad de autoridades, municipales, autonómicas, etc. que no están unidas por relaciones de jerar­quía y, por tanto,  no están obligadas a coordinarse ha favorecido la dilapidación de recursos, incluso en un mismo ayuntamiento entre distintas concejalías. Las consecuen­cias de esta abundancia de organismos muy distintos son bien conocidas: la mul­tiplicación de iniciativas en competencia, por lo tanto, la dispersión  y la fragmentación de las propias acciones y de los recursos. La super­posición de programas, en un ámbito territorial limitado, es una de las circunstancias de poco éxito de algunas iniciativas relacionadas con la Educación de Adultos y un resultado colateral  es la penuria de los recursos financieros destinados a cada interven­ción por la fragmentación del presupuesto. Cada administración ofrece -o quiere ofrecer- todo.

Todas estas circunstancias obligan a dar protagonismo a las Universidades Populares. La necesidad de este protagonismo lo exigen aquellos  problemas de naturaleza socio-cultural que no pueden tener soluciones meramente técnicas o ad­ministrativas en el sentido restringido del término. Por ello,  proponemos las medidas siguientes:

1. Cambio de la cultura organizativa de los programas y de las  instituciones dirigidas a la intervención del desarrollo del Aprendizaje A Lo Largo de La Vida

2. El traslado de la responsabilidad de la evaluación de la  Educación de Adultos a las Universidades Populares.

Respecto a la estrategia de traslado de responsabilidades de la educación para la ciudadanía adulta a las Universidades Populares está más que justificada por la propia trayectoria de las mismas. Las UU.PP. no son escuelas baratas, sino lugares de encuentro ciudadano para aprender a lo largo de la vida.   Esto quiere decir que son las Universidades Populares las que deben de realizar, con el despliegue de sus programas, la Educación de Adultos, propiciando, igualmente, la participación en actividades socio-culturales que permiten la implicación de los ciudadanos en el desarrollo y devenir, fortaleciendo, así, la propia sociedad civil. Los centros de las UU.PP. son, indudablemente,  espacios de intercambio y expresión, donde se facilita el encuentro entre los ciudadanos y ciudadanas para la convivencia, la reflexión crítica, el desarrollo de metas y acciones comunes, la posibilidad de proyección social y cultural. Y, también, en términos economicistas, favorecer, adecuadamente, los recursos comunes con unas posibilidades grandes de efectividad participativa.

No se entiende, hoy en día,  la Educación para la Ciudadanía Adulta sin que los participantes tengan la posibilidad de intervenir, activamente, en “el desarrollo cultural que debe llevarnos a un nuevo estilo de vida para mejorar la calidad de vida”. La Educación de Adultos en las Universidades Populares conlleva, intrínsecamente, la formación de ciudadanía.

La Carta de Vitoria que distintas administraciones locales firmaron el 25 de noviembre de 2004, en el capitulo referente a los derechos de las ciudadanas y ciudadanos, dice lo siguiente : “todo miembro de una comunidad local, debe tener el derecho a participar en la construcción y ejecución de su proyecto de ciudad con igualdad de derechos, respetando sus libertades y excluyendo toda discriminación social, cultural, de origen, lingüística, religiosa, étnica o política, consagrando la igualdad de todos aquellos que, como vecinos, residen y forman parte de una comunidad.” Entiendo que, cuando habla de proyecto de  ciudad, no se refiere, únicamente, a la urbs, la ciudad de los edificios, sino, también, a la civitas, la ciudad de los ciudadanos.

Las Universidades Populares pueden facilitar, enormemente, la consecución de esos objetivos. Para ello, es preciso el reconocimiento de las autoridades, considerando a las Universidades Populares como entidades de utilidad pública, fortaleciendo, de esta manera, la presencia y continuidad de las mismas.

Asimismo, las Universidades Populares han de estar coordinadas para fijar unos criterios básicos, posibilitar la obtención y el intercambio de recursos humanos y materiales, defender los intereses comunes, etc.,etc. en forma de asociacionismo, con ámbito local, nacional e internacional.

Sin embargo, ello no es posible sin una mayor exigencia por parte de las propias Universidades Populares. Por tanto, es preciso una reorganización y una reafirmación de los principios y objetivos de las mismas. Si bien es verdad que tienen unas actividades poliédricas, con aristas relacionadas con la educación, con la cultura, con la salud, etc., todo eso constituye el edificio de la Universidad Popular, es necesaria su definición institucional.

Mientras, apostamos, a través de la representación única de las Universidades Populares, en nuestro caso la ACUP, por ampliar la colaboración con instituciones públicas y privadas, así como la participación activa en actos abiertos, tanto auspiciados por las propias UU.PP como por otras organizaciones. La ciudadanía debe percibir y visualizar, con la ayuda de los medios de comunicación, que las Universidades Populares son una organización cercana y, además, necesaria para el desarrollo de la sociedad en general.

Las Universidades Populares hacen una labor con una proyección social encomiable en favor de la sociedad,  favoreciendo el acceso a la información, la cultura y la educación con el fin de fomentar valores, conservar tradiciones y concienciar a la población sobre temas importantes que afectan o afectarán a su vida cotidiana, como por ejemplo: el medio ambiente, la salud, derechos y obligaciones ciudadanas, etc. etc., por tanto, hemos de demandar de las autoridades un reconocimiento que permita ejercer, digna y adecuadamente,  esas actividades, que no es otra cosa que hacer ciudadanía. ¿Acaso las Universidades Populares no están compuestas por escuelas de ciudadanía?.

Por eso, la necesidad imperiosa de la Asociación Canaria de Universidades Populares (ACUP) que agrupe a las UU.PP. que sirva de interlocutor ante las instituciones públicas y privadas, unifique criterios pedagógicos y organizativos,  defienda intereses comunes, etc.; bien organizada, con disposición de ofrecer actividades diversas con recursos humanos y materiales, sin coste alguno o con un mínimo coste para las UU.PP. asociadas.

El filósofo y escritor, José Antonio Marina, ha escrito, en referencia a la necesidad de aprender a ser un buen ciudadano, lo siguiente:

“ El buen ciudadano es el que construye la ciudad justa, de la que no va a recibir sus derechos-que son previos-, sino la posibilidad de disfrutarlos. Esa es la grandeza del concepto de ciudadano, que no es restrictivo ni hostil, sino expansivo, práctico y creador “.

Las Universidades Populares ayudan a que los ciudadanos obvien los obstáculos físicos y mentales y disfruten, libre y democráticamente, de sus derechos como persona, tanto individuales como parte de una comunidad. Esto, precisamente, hacen que las Universidades Populares no tengan competencia alguna.

 

José Luis López Sarmiento

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